cajón desastre
automático
No saben lo necesario que se hace a veces un aliento cercano que temple la ira, o produzca el deshielo.
Unos huesos que den a parar con los propios y los hagan volver a la tierra que algún día entre sus brazos los tendrá.
Una palabra ni amable, ni piadosa, ni compasiva. Tan solo sincera. Agua para corazones marchitos que entre el cemento tratan de encontrar otras flores.
Rigurosa actualidad,
púdreme lo humano,
hazme número;
haz que olvide los nombres,
el río, la luna, y estas cuatro paredes.
hazme amigo de los intereses,
enemigo de mis ideales;
tira el arte a la basura
y hazme llamar a la basura, arte.
depaupéra(me), el amor;
hazme fachada, superficie
y llévame cuando el tiempo venga
a por mis cimientos de mentira.
hazme desilusión, apariencia,
mera fotografía en blanco;
haz que tus labios negros
me besen vacío, e insípido.
esboza una manzana
sobre la cara que ayer
tus manos modelaron
con las ascuas que el viento trajo
y cúbrela, cúbrela
como se cubre a aquellos
que llegado el día parten
hacia el exilio del olvido.
hazme número;
haz que olvide los nombres,
el río, la luna, y estas cuatro paredes.
hazme amigo de los intereses,
enemigo de mis ideales;
tira el arte a la basura
y hazme llamar a la basura, arte.
depaupéra(me), el amor;
hazme fachada, superficie
y llévame cuando el tiempo venga
a por mis cimientos de mentira.
hazme desilusión, apariencia,
mera fotografía en blanco;
haz que tus labios negros
me besen vacío, e insípido.
esboza una manzana
sobre la cara que ayer
tus manos modelaron
con las ascuas que el viento trajo
y cúbrela, cúbrela
como se cubre a aquellos
que llegado el día parten
hacia el exilio del olvido.
Estío
quién supiera arrancar un grito
a los confines del cielo
un rayo, al sol, quizás,
un réquiem al estío inerte
vive en cada uno de los versos que te escribo,
en los corazones vacíos
de los amantes que no se tocan
oír los mil nombres fatuos de la utopía
restar a la noche sus horas
sentir la tierra tan leve como la lejanía
y volver, a descansar para siempre.
La estela
noche del
sur, que tras de sí el ocaso abandona
en forma de estela, espuma de mar
no te alejes
no rehúyas mi mano, esa que te busca
cerca, en la lejanía de tu ser, bajo las sábanas;
náufrago que en alta mar la tierra ansia
como la vida que en el horizonte se aleja
mecida por la aurora
luz, cénit en la tenuidad de la medianoche
haz cesar el crepúsculo fatuo del que mi razón adolece,
no te alejes
no rehúyas mi mano, esa que te busca
cerca, en la lejanía de tu ser, bajo las sábanas;
náufrago que en alta mar la tierra ansia
como la vida que en el horizonte se aleja
mecida por la aurora
luz, cénit en la tenuidad de la medianoche
haz cesar el crepúsculo fatuo del que mi razón adolece,
sempiternamente taciturna
azabache, el firmamento
voz, volcán, melodía
esperanza, sueño
en tus ojos;
azabache, el firmamento
voz, volcán, melodía
esperanza, sueño
en tus ojos;
en ti,
en
ti nace y muere la utopía.
Yermo
la ciudad
viva ayer,
despertaba hoy al alba, baldía
caída, cesó el rugir de las bombas
Guernica, en llamas, se apagó al amanecer
mirando al mar bravío
espejo añil de un cielo inerte
mi alma clamaba en busca de su reflejo
mas no lo halló en el horizonte
ni en aguas frías, aguas de muerte. ¿dónde está, Caronte, dónde está?
aún en tu barca mis cenizas portas;
la llama se desvanece en la arena
cual flor marchita que yace en la orilla
fuegos que mueren al instante;
incendios, que duran toda una vida
caída, cesó el rugir de las bombas
Guernica, en llamas, se apagó al amanecer
mirando al mar bravío
espejo añil de un cielo inerte
mi alma clamaba en busca de su reflejo
mas no lo halló en el horizonte
ni en aguas frías, aguas de muerte. ¿dónde está, Caronte, dónde está?
aún en tu barca mis cenizas portas;
la llama se desvanece en la arena
cual flor marchita que yace en la orilla
fuegos que mueren al instante;
incendios, que duran toda una vida
Los idus de septiembre
volverán los
cantos otoñales
de calles
vacías, soleadas, cambiantes;
el reflejo
de tus ojos sublunares, de nuevo
coloreará
las avenidas, mojadas, grises;
destellos de
luz, claridad
para estas
climatologías inexactas
volver, a
perder el compás
cuando la
música muera
y ya, nada
importe
más allá del
hoy y el ahora
volver a
sangrar todo aquello que mentir no pude;
volver, a la
amargura de las musas ausentes
inequívoca,
etérea, singular; perenne
el abismo
que tras de ti abandonas
volverán,
algún día, los estorninos
volverán, las
palabras, de su éxodo infinito
y el susurro
del viento te traerá todo lo que no te dije
con la
lluvia, y los idus de septiembre.
volverán,
¿volveré?
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