Rigurosa actualidad,

púdreme lo humano,
hazme número;
haz que olvide los nombres,
el río, la luna, y estas cuatro paredes.

hazme amigo de los intereses,
enemigo de mis ideales;
tira el arte a la basura
y hazme llamar a la basura, arte.

depaupéra(me), el amor;
hazme fachada, superficie
y llévame cuando el tiempo venga
a por mis cimientos de mentira.

hazme desilusión, apariencia,
mera fotografía en blanco;
haz que tus labios negros
me besen vacío, e insípido.

esboza una manzana
sobre la cara que ayer
tus manos modelaron
con las ascuas que el viento trajo

y cúbrela, cúbrela
como se cubre a aquellos
que llegado el día parten
hacia el exilio del olvido.

"mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!" - dijo el poeta.

y es que habrá primavera
siempre que las calles vacías de la ciudad gris
acaben por oír tus pasos a lo lejos

y algún día, mecidas por los rayos de la aurora
guiadas, por el sol de medianoche
vuelvan las golondrinas,

algún día.

Estío

quién supiera arrancar un grito
a los confines del cielo
un rayo, al sol, quizás,


un réquiem al estío inerte

vive en cada uno de los versos que te escribo,

en los corazones vacíos

de los amantes que no se tocan

oír los mil nombres fatuos de la utopía
restar a la noche sus horas
sentir la tierra tan leve como la lejanía
y volver, a descansar para siempre.

La estela

noche del sur, que tras de sí el ocaso abandona
en forma de estela, espuma de mar
no te alejes

no rehúyas mi mano, esa que te busca
cerca, en la lejanía de tu ser, bajo las sábanas;
náufrago que en alta mar la tierra ansia
como la vida que en el horizonte se aleja

mecida por la aurora

luz, cénit en la tenuidad de la medianoche
haz cesar el crepúsculo fatuo del que mi razón adolece,
sempiternamente taciturna

azabache, el firmamento
voz, volcán, melodía
esperanza, sueño
en tus ojos; 
en ti,
en ti nace y muere la utopía.

Yermo

la ciudad viva ayer,
despertaba hoy al alba, baldía
caída, cesó el rugir de las bombas
Guernica, en llamas, se apagó al amanecer

mirando al mar bravío
espejo añil de un cielo inerte
mi alma clamaba en busca de su reflejo
mas no lo halló en el horizonte
ni en aguas frías, aguas de muerte. ¿dónde está, Caronte, dónde está?
aún en tu barca mis cenizas portas;
la llama se desvanece en la arena
cual flor marchita que yace en la orilla

fuegos que mueren al instante;
incendios, que duran toda una vida

Los idus de septiembre

volverán los cantos otoñales
de calles vacías, soleadas, cambiantes;
el reflejo de tus ojos sublunares, de nuevo
coloreará las avenidas, mojadas, grises;
destellos de luz, claridad
para estas climatologías inexactas

volver, a perder el compás
cuando la música muera
y ya, nada importe
más allá del hoy y el ahora

volver a sangrar todo aquello que mentir no pude;
volver, a la amargura de las musas ausentes
inequívoca, etérea, singular; perenne
el abismo que tras de ti abandonas

volverán, algún día, los estorninos
volverán, las palabras, de su éxodo infinito
y el susurro del viento te traerá todo lo que no te dije
con la lluvia, y los idus de septiembre.

volverán,


¿volveré?