púdreme lo humano,
hazme número;
haz que olvide los nombres,
el río, la luna, y estas cuatro paredes.
hazme amigo de los intereses,
enemigo de mis ideales;
tira el arte a la basura
y hazme llamar a la basura, arte.
depaupéra(me), el amor;
hazme fachada, superficie
y llévame cuando el tiempo venga
a por mis cimientos de mentira.
hazme desilusión, apariencia,
mera fotografía en blanco;
haz que tus labios negros
me besen vacío, e insípido.
esboza una manzana
sobre la cara que ayer
tus manos modelaron
con las ascuas que el viento trajo
y cúbrela, cúbrela
como se cubre a aquellos
que llegado el día parten
hacia el exilio del olvido.
Estío
quién supiera arrancar un grito
a los confines del cielo
un rayo, al sol, quizás,
un réquiem al estío inerte
vive en cada uno de los versos que te escribo,
en los corazones vacíos
de los amantes que no se tocan
oír los mil nombres fatuos de la utopía
restar a la noche sus horas
sentir la tierra tan leve como la lejanía
y volver, a descansar para siempre.
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